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La quinta estación del año: Carnaval en Bonn

Sábado, 23 de Enero de 2010

Si ya lleva un año o más en Bonn, seguro que ya lo sabrá: en Renania no sólo existen las cuatro estaciones del año de costumbre, sino, como mínimo, cinco estaciones; ¡y para muchas personas la quinta estación del año, el Carnaval, es la más bonita de todas!

El día 11 del mes 11 empieza cada año la temporada de Carnaval con bailes, reuniones y muchas otras fiestas, pero, a más tardar entre la Víspera del ayuno de las mujeres (Weiberfastnacht – el 11 de febrero 2010) y el miércoles de ceniza, toda Renania se encuentra en el estado de excepción burlesco.

Pero, ¿de dónde viene el Carnaval?

Los antiguos germanos ahuyentaban a los malos espíritus hacia el final del invierno con máscaras, disfraces y mucho ruido. En la época cristiana la gente aprovechaba la última oportunidad antes de una cuaresma que estaría llena de renuncias para entregarse de lleno a los festejos y al goce de la comida. La palabra renana “Fastelovend” podría venir de la palabra del alto alemán medio “vastnaht”, que significa algo así como “víspera de la cuaresma”. “Fastelovend” también puede derivar de “faseln” (charlotear): ‘decir tonterías’ o ‘hacer bufonadas’.

El once es desde la Edad Media el número del Carnaval. Un número más que los diez mandamientos, uno menos que la edad del Joven Jesús; el once suspende el orden en la mitología cristiana. El Carnaval ofrece la última oportunidad de festejar y disfrutar antes de que las estrictas reglas de la cuaresma cristiana llamen a las personas a volver al recogimiento. Consejos de once miembros organizan el Carnaval. Los actos comienzan once minutos después de la hora en punto.

El once es también una canción satírica sobre los ocupadores franceses en Renania, que supone una adaptación del grito de guerra de la Revolución Francesa “¡egalité, liberté, fraternité!”, en el que se inspiró el general de división barón von Gzettritz en 1827 para extraer la divisa “hermanos iguales, caperuzas iguales”. Del mismo origen proceden los uniformes históricos, tan llenos de colorido, de las sociedades carnavalescas: al cabo, una imitación burlesca de los ocupadores. Con pompa militar, los bufones que celebran el carnaval, toman el poder.

En los tiempos de la Revolución Francesa, a principios del siglo XIX, al oeste del Rin, surgieron tradiciones que marcaron la organización del Carnaval, a saber: las conferencias cómicas como envoltura humorística para la expresión de opiniones políticas; los uniformes de carnaval de colores azul, blanco y rojo como parodia del poder invasor y el arrojar golosinas como representación del lanzamiento de monedas entre la multitud por parte de los poderosos durante el desfile.

Hay festejos y cabalgatas en todos los barrios de la ciudad. El desfile más grande y bonito es, desde luego, nuestro desfile de lunes de Carnaval de Bonn, que congrega en la calle a bufones de toda procedencia y de todas las edades.

Un día antes, el domingo de Carnaval, se representa un teatro carnavalesco muy peculiar: los “Juerguistas supremos” de Bonn, Prinz y Bonna, intentan cada año tomar por asalto el Ayuntamiento Viejo, en la plaza del mercado. El alcalde organiza la defensa, pero no es ningún secreto: ¡hasta ahora nunca ha tenido éxito! Al final, tiene que hacer entrega simbólica de las llaves del Ayuntamiento a las llamadas majestades, quedando así en sus manos el poder sobre la ciudad hasta el miércoles de ceniza.

El distrito Beuel, situado en la orilla derecha del Rin, ofrece una particularidad del Carnaval: aquí surgió hace más de 180 años la tradicional Víspera del ayuno de las mujeres (Weiberfastnacht), ¡surgida de un incipiente movimiento feminista!

Las lavanderas de Beuel se alzaron para protestar contra el patriarcado y la explotación de la mujer que representaba. Fundaron el primer comité de mujeres de Beuel y acordaron reunirse desde entonces una vez al año, concretamente, el jueves antes de Carnaval, para mostrar su rebelión contra los maridos.

Desde aquel episodio, la máxima representante de las mujeres de Beuel sigue ostentando el título de “Princesa de los lavanderos”. Desde entonces está siempre al frente del asalto al ayuntamiento de Beuel y, por supuesto, siempre al acecho cuando se trata de privar de poder a los hombres por un día. Por cierto, se aconseja a los hombres que no vistan este día precisamente con su corbata más nueva, puesto que las féminas van a la caza de este complemento – prácticamente como símbolo de la privación de poder – armadas con tijeras.
¡Si todavía no ha vivido esta experiencia, no deje de unirse este año a esta alegre y burlesca celebración! Déjese llevar por el ambiente y zambúllase en el vivo jaleo de los “días alocados” del Carnaval renano.

 Fuente: www.bonn.de

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